¿Cuerpo mortal? Oh, vaya, vaya ¡Que adorable vampiresa! dejar al descubierto su naturaleza de forma tan obvia casi le causó ternura. Podía notar que —siendo una inmortal— era considerablemente más joven y por ello, inexperta. A estas alturas reconocía la poca experiencia cuando la veía. Esa impulsividad y el poco tacto solo delataban su juventud ya que, un vampiro cercano a su edad, jamás hubiera cometido semejante imprudencia si deseaba conocer a su posible victima o a su posible compañero.
— ¿Qué os puedo decir? Soy una excepción a la regla. —mostrando una sonrisa, sus ojos parecieron titilar bajo la luz amarillenta que iluminaba la mesa, era un brillo emoción y de total expectación. Con ella ahí aseguraba que su velada se tornaría interesante—. Dime, pequeña ¿Deseas jugar conmigo o quieres que te contagie un poco de mi buena suerte? Podemos ir por un trago, puedo invitarte.
No, no le coqueteaba; aunque pareciera que efectivamente lo hacía. Para él era un simple juego que estaba dispuesto a seguir para asegurar una velada divertida he interesante.
– … – En cuanto escuchó las palabras de aquel hombre, Henrieta no pudo evitar sorprenderse ante tal respuesta. No esperaba encontrarse con uno de ellos en su territorio, ni mucho menos bajo su mismo techo, pero podría conseguir alguna ventaja de esta situación, después de todo, el descubrir la verdadera naturaleza del desconocido le había quitado repentinamente el hambre.
– Heh, así veo~ – contestó luego de unos segundos pensando en exactamente que decir, saliendo de su estado anonadado. – Lo lamento, aunque trabaje aquí, no entiendo del todo la mecánica de estos juegos, podría decirse que sería una victoria muy fácil para ti. – su aterciopelada voz era casi un murmullo que sabía que solamente el contrario podría llegar a escuchar, y ante la propuesta contraria, simplemente se limitó a sonreírle.
– Pero te aceptaré aquella invitación del trago, suena tentadora. – además, hacía mucho tiempo que no bebía algo, esta era una buena oportunidad para relajarse y, también, conocer más a fondo a aquel hombre. Estaba segura que aprendería una cosa o dos. – Por cierto, mi nombre es Henrietta, ¿tú eres?